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Uno de los problemas de los aficionados a la observación, y más frecuente de los que construyen sus telescopios, es mantener alineados los espejos. Aunque he construido colimadores de varios tipos, el basado en un puntero láser es relativamente fácil de confeccionar y es apropiado para telescopios tipo Newton, por otra parte, los más frecuentes entre los que construimos los aficionados.
La ventaja de este montaje es que no sacrificamos el uso del puntero como colimador, sino que en cualquier momento podemos recuperarlo.
Para la construcción del colimador partiremos de un puntero láser ya sea de tipo llavero o de tipo bolígrafo, con la condición que posea punta (o puntas) que se pueda desmontar a rosca o presión. Estas puntas se utilizan para que el láser proyecte un dibujo en lugar de un punto. Generalmente una de ellas no posee dibujo; es la que usaremos en el colimador. De no ser así, sacrificaremos una, haciendo un taladro en su parte frontal de manera que el haz del láser emerja sin obstáculos.
En este diseño utilizamos una punta, que se pega en una pieza de una especie de ocular. Cuando queramos colimar los espejos, roscamos el puntero en su punta y colocamos el conjunto en el portaocular del telescopio; una vez realizada la alineación, recuperamos el puntero simplemente desenroscándolo.
El colimador está formado por 3 piezas:
a) Una pieza que soporta el conjunto. Exteriormente es similar a un ocular. Es hueca en casi toda su longitud y en su interior lleva la pieza B. En ella se practica una ventana que nos permita ver la pieza B, donde incide el haz de láser reflejado por los espejos del telescopio. En su parte superior (hacia el ojo del observador) se encaja la pieza C. Conviene que sea de aluminio para evitar un peso excesivo.
b) Es una pieza en forma de tronco de cilindro a 45 grados, con un taladro por el cual emerge el láser y en la que se refleja el haz devuelto por la óptica. Puede ser de cualquier material claro no especular, como aluminio o plástico blanco mate; o un metal recubierto de papel blanco.
c) Una pieza en forma de arandela que se encaja en la parte superior de la pieza A. En su centro lleva una cavidad en la que se pega con adhesivo fuerte (Araldit o similar) la punta del láser. Va unida a la pieza A mediante un sistema de 6 tornillos, 3 de tracción y 3 de empuje, mediante los que se logra alinear el haz de láser con el eje del colimador.
En la imagen vemos la disposición de las diferentes partes que componen el colimador. A la derecha pueden verse los tornillos de alineación: tres con cabeza cilíndrica y tres tornillos prisioneros.
Un método para alinear estos elementos consiste en apoyar la parte del colimador que se introducirá en el portaocular en una superficie apropiada y rotarlo sobre su eje de manera que se proyecte el láser sobre una superficie clara. Si la alineación es correcta, el punto no se desplazará durante la rotación. De no ser así, debemos manipular en los tornillos de ajuste hasta lograrlo. Para el apoyo sobre el que girarlo, he conseguido resultados aceptables usando una cavidad que existe en casi todos los soportes de papel adhesivo trasparente tipo Cello. Conviene que este soporte sea pesado.
La primera alineación podemos realizarla en una habitación con luz del día. Mientras sea posible, debemos encarar el telescopio hacia el techo o una pared clara, con el fin de visualizar el láser en caso de que éste pase por el exterior del espejo secundario sin reflejarse en él.
La primera operación a realizar consiste en comprobar la alineación del portaoculares. Para ello necesitamos materializar el centro del espejo primario del telescopio. De las pruebas que he realizado, la de mejores resultados consiste en pegar una arandela de latón de M3 sobre el espejo, usando un pegamento que se pueda eliminar mediante un disolvente (por ejemplo, de contacto) para un eventual realuminizado del espejo. Debe comprobarse cuidadosamente que la arandela esté en el centro de la superficie óptica del espejo mediante regla milimetrada o calibre (el elegir una arandela de latón se debe a que no es arrastrada por el calibre si éste está imantado, hecho harto frecuente). Para los que no gusten manipular el espejo, pueden usar una máscara de papel.

Montamos en su lugar el espejo primario. Colocamos el colimador en el portaoculares y encendemos el láser. Debiera incidir en el centro de la arandela. De no ser así debemos manipulamos en el sistema de alineación del secundario haciendo que en haz se desplace hacia el centro de la arandela pero que se quede a medio camino aproximadamente
Aflojamos el tornillo del porta-ocular y giramos el colimador 180 grados sobre su eje, volviendo a apretar el tornillo del portaocular. Observamos de nuevo el punto de incidencia del haz. Giramos de nuevo y ajustamos el haz.
Repetimos estas operaciones hasta conseguir que al girar el colimador el láser se desplace lo mínimo posible. Si este desplazamiento es elevado deberemos comprobar si el portaoculares está alineado correctamente respecto al eje del tubo. Aunque estas operaciones puedan resultar tediosas, una vez realizadas no es necesario repetirlas, a no ser que accidentalmente se mueva el portaoculares.
Montamos el primario. Encendemos el láser y observamos el techo o la pared hacia donde encaramos el telescopio. Si aparece en ellos el haz del láser, quiere decir que el primario está muy desviado y el haz pasa por el exterior del secundario sin reflejarse en él. Taparemos la boca anterior del telescopio con papel para visualizar por dónde pasa el láser y lo obturamos con este papel, dejando una ventana móvil por la cual se pueda ver el primario sin riesgo de que el láser alcance nuestros ojos.
En caso de no salir el láser al exterior, miramos por la boca del tubo. Es probable que el haz incida en el interior del tubo, indicando una pésima alineación. Debemos usar el papel de la forma descrita anteriormente.
Mirando desde la ventana formada con el papel observamos el punto en que el láser incide en el primario. Debiera ser en el centro de la arandela. De no ser así, ajustamos la posición del secundario hasta conseguirlo, guardando las precauciones debidas con el haz.
Con ayuda del papel de la boca del tubo observamos el haz reflejado por el primario. Para ello es muy cómodo, pero no imprescindible, realizar una ventana en el tubo en una posición un poco más baja que el portaoculares, que pueda cerrarse después del ajuste. Pues bien, el haz debiera incidir en el centro del secundario. Seguramente deberemos desplazarlo mediante ajustes de los tornillos del barrilete que soporta al primario. Una vez que el haz incide en cualquier punto del secundario, podemos prescindir del papel de la boca del tubo. Al aproximarse a la alineación correcta, veremos sobre el secundario dos puntos creados por el láser, uno debido al haz emergente y otro al reflejado en el primario. Tratemos que coincidan.
A su vez el secundario refleja el láser hacia el portaoculares y debiera incidir en el centro de la pieza B, donde está el taladro. Tal vez necesitemos un giro del secundario sobre su eje para lograr que el haz de láser reflejado ilumine algún punto de la pieza B. Posteriores ajustes del primario y giros del secundario deben hacer que el láser incida en el taladro.
Una vez conseguido esto, tendremos una alineación aceptable de la óptica, que puede ser comprobada con el colimador en el lugar de observación, en previsión de que durante el viaje se haya desplazado ligeramente algún elemento. Se puede mejorar estudiando los anillos de difracción de una estrella de segunda o tercera magnitud mediante un ocular de aumentos elevados. Remitimos al lector a la abundante bibliografía sobre el tema, parte de la cual posee la secretaría de AAV.
Aconsejo a quien se decida a realizar el colimador que no emplee plásticos en las piezas A y B porque perdería rigidez creando errores en el centrado del eje del colimador.