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Este artículo sólo se propone repasar las aventuras en la expedición a Francia, así como la observación del eclipse parcial en Bilbao, y de esta forma retomar las iniciativas de nuestra Agrupación en los acontecimientos astronómicos.
Observar el eclipse total era uno de los objetivos principales, emanado de la Junta general de Socios celebrada a primeros de año. Observarlo y realizar distintos registros del evento, daría a la Asociación experiencia y conocimientos de primera mano, aumentando el bagaje amateur astronómico.
Organizar la expedición, programarla geográfica y socialmente, impuso un ritmo elevado a los responsables en los dos meses anteriores a la fecha del eclipse. Esta experiencia nos obliga a reflexionar sobre la importancia que desempeña un equipo organizador compacto que se responsabilice de las tareas.
No se puede dejar nada a la improvisación, excepto los detalles secundarios que no obliguen a rectificar el plan exigido.Y algo hemos aprendido, que, la sencillez del programa elimina improvisaciones, errores organizativos y ahorra tiempo.
La salida de Bilbao estuvo correcta en puntualidad. El vehículo (autobús), dejó mucho que desear, su calidad en servicios fue nula (vídeo estropeado, megafonía malísima, ruido pavoroso que impedía las conversaciones e incomodidades estructurales de acomodo).
Hemos presentado una queja a la agencia de viajes que contrató el servicio, porque 12 horas de viaje a la ida y otras tantas de vuelta, el transporte no reunió las mínimas condiciones para soportarlo. Gracias a que la intensa colaboración de Jose Mari recordandonos la Historia y el Arte, rebajó la monotonía y el malestar a unos niveles aceptables. Así mismo el humor astronómico e idiomático de Mikel aseguró a cada paso la sonrisa en los viajeros.Como todos recordareis, nuestro Gonzalo de siempre puso el broche de oro, con su inolvidable actuación mágica.
La estancia en San Quentín fue deliciosa. Fuimos recibidos agradablemente por la cartelera preparada por Emilio y familia que a todos nos sorprendió. El Hotel inmejorable, quizás algo de confusión en el reparto de habitaciones. Gracias a la labor de Ander y Rafa, que supieron minimizar el problema.
Esa misma tarde de la llegada, gracias a la colaboración de Emilio y familia, Joakín y su sobrina afincada en San Quintín y con la presencia de Ander y Juan, quedó determinado el paraje donde realizaríamos al día siguiente la observación del eclipse.
Por fin llegó el día esperado. Gracias a la previsión de la organización pudimos llegar al lugar, no sin antes haber pasado alguna que otra aventurilla como la de aquel pueblecito, en el que nos quisieron cobrar un peaje por aparcar en el casco urbano y que solventamos, asegurando que allí no nos instalábamos.
Atravesamos unos 100 kilómetros entre atascos ocasionales y circulación densa, y llegamos al pueblo de Anizy (El Sitio), siendo recibidos amablemente por el Departamento de Bomberos Local, que nos cedieron una parte de su feudo (terreno).
Bastaron cerca de 20 minutos para ver como de la campa brotaban las cámaras y objetivos fotográficos, telescopios adaptados para la observación del Sol con los elementos de registro CCDs, vídeos y cámaras en paralelo y una muy importante batería de estaciones meteorológicas de registro comandadas por el técnico Luken.
Llegado el momento, el Cielo presentaba grandes nubarrones sin apenas resquicios de claridades, y así se mantuvo hasta minutos después de pasada la totalidad. Sólo en los tres primeros contactos se pudo filmar en vídeo el ambiente general. La única excepción es la de nuestro compañero Jose Félix que en ruta desde París hacia la franja de la totalidad experimentó la Gran Suerte de que apareciera un claro en el momento de eclipsar la Luna al Sol y le diese tiempo de ejecutar varias exposiciones en las que aparecen las perlas de Baily, el anillo de diamantes y varias protuberancias. Eduardo, a los pocos minutos de finalizada la totalidad, registró un fino hilo de luz.
Preparados todos para la totalidad en el campamento, el momento se vivía con esperanza y nerviosismo. Y llegó por fin la Noche. La vimos venir a una velocidad impresionante por el oeste, cuya intensidad se vio aumentada por la nubosidad. A mi alrededor el júbilo era fantástico, mezclado con los gritos, los clics de las cámaras fotográficas recogiendo la luz tan mermada del ambiente.
Los comentarios de los expedicionarios, se fundían en asombro y exclamaciones ante el fenómeno que se estaba produciendo. Mi experiencia personal corroborada por la gran mayoría de los asistentes fue de un estremecimiento corporal y espiritual inenarrable. Los Antiguos supongo, que estos momentos los vivieron del mismo modo.
Los 2 minutos y 14 segundos que duró la oscuridad son comparables a un estado catatónico que se disfruta con los cambios realizados en el entorno donde se produce. Al llegar la claridad, se siente en la misma medida que cuando se va oscureciendo, se ve cuando llega por el mismo horizonte, compartiendo una alegría colectiva sobrecogedora.
Una vez instaurada la luz, tuvimos la suerte si así se le puede llamar, de aparecer unos claros en el entorno de la Luna-Sol. Nadie de la expedición dejó escapar la oportunidad de registrar aquel gigantesco mordisco producido en el sol, segunda y última parcialidad del eclipse. Los únicos instrumentos que trabajaron antes, durante y después fueron las estaciones meteorológicas, registrando las variaciones de presión barométrica, las variaciones de TºC y la humedad relativa del ambiente. Estos datos junto a las mejores tomas realizadas están presentados en este número de la revista Galileo.
Hacia las 3 de la tarde iniciamos la recogida y guarda de los instrumentos y se dio paso al refrigerio, en el que las sensaciones sentidas, se transmitían en los corros de avituallamiento. Debo resaltar el ambiente solidario, la ayuda prestada de unos compañeros a otros en el montaje de los instrumentos, ideas tiempos de exposición y explicaciones sobre el conocimiento de los eclipses. Se comprobó, que todo lo mencionado y escrito sobre tales eventos eran reales y no el producto de la imaginación. Fueron vistos por toda la expedición, unos momentos antes de la oscuridad, como bandadas de estorninos, se refugiaban en una arboleda cercana al campamento. Fue escuchado por muchos de los asistentes el canto de unos gallos de una granja cercana, al volver la luz.
El resto de la tarde la pasamos en Reims, disfrutando de su carga histórica y artística, y de un gentío impresionante propio del acontecimiento que se había vivido. De vuelta al hotel de San Quintín, añadíamos nuevas apreciaciones del eclipse, bromas, chistes y demás fantasías.
Bien, los resultados, a pesar del nublado, son altamente satisfactorios. Debemos mejorar en la organización en este tipo de asistencia colectiva a los eventos astronómicos, aumentar el nivel de conocimientos a transmitir, sin olvidar la sencillez didáctica en la enseñanza de la Astronomía.
Los responsables agradecemos a todos los asistentes, socios, familiares y amigos por la ayuda desinteresada en la consecución de los objetivos alcanzados con esta experiencia. Como responsable de la Agrupación Astronómica Vizcaína, me siento satisfecho por la estimable colaboración y entrega de Ander, Eduardo, Mikel y Sra., Emilio y familia, Joakín y familia, los compañeros Amigo, Rafa y demás compañeros, que entregaron su esfuerzo para llevar a buen término la observación del eclipse.
La labor efectuada por Jesús, Karmelo y Rosa que lograron un éxito en el Parque de Echevarría de Bilbao enseñando durante el acontecimiento, cómo se debe observar un eclipse parcial de Sol, interpretarlo con argumentos científicos del porqué se dan estos fenómenos cada determinado espacio de tiempo, lo que se puede observar durante el eclipse y la elevada capacidad de los instrumentos empleados en él. A estos compañeros dedico este pequeño memorial por entregarse al gran público, renunciando al placer individual en el estudio del fenómeno.
Como última valoración, cabe exclamar :
¡Ha merecido la pena estar en los dos sitios, por todo!