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Fronteras de la Astronomía(III) Supernovas José F. Rojas Palenzuela - josefelix_r@aavbae.net |
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En el año 1.054 astrónomos chinos observaron y dejaron constancia de la aparición de una nueva estrella en la actual constelación de Cancer, tan brillante que durante varias semanas se pudo ver incluso en el brillante cielo diurno, compitiendo con el planeta Venus. En la actualidad, en esa región se observa una masa irregular de gas en expansión detectable en todas las gamas de longitudes de onda del espectro electromagnético. Dentro de ella se descubrió una señal de radio pulsante, con 33 destellos por segundo. Este tipo de fenómeno ya se conocía de otros puntos del cielo y se llama pulsar. Posteriormente se descubrió que una débil estrella, casi en el centro de la nube, también parpadea 33 veces por segundo en luz visible, por lo que debe corresponder con el pulsar observado en radio. Este fenómeno explosivo recibe el nombre de supernova y representa el final de la existencia de una estrella bastante mayor que nuestro Sol. El resto que deja se denomina remanente de la supernova y siempre contiene gas en expansión pero sólo algunas veces contiene un pulsar. Esto se debe a que no todas las supernovas dejan el resto compacto (denominado estrella de neutrones) responsable del fenómeno pulsar y tanbién a que, incluso cuando lo forman, el pulsar emite su energía a lo largo de dos chorros opuestos a lo largo de una línea que no coincide con el eje de rotación, por lo que sólo los detectamos si se da la circunstancia de que el chorro de radiación nos ilumina en algún momento mientras gira, tal y como sucede con la luz de una ambulancia. Estos remanentes de supernovas se pueden ver en diferentes regiones del cielo y se encuentran en nuestra propia galaxia, e incluso se pueden ver en las galaxias más cercanas. Su belleza es el último vestigio de una estrella que ya no existe pero de cuyo deslumbrante final ha quedado la semilla de futuros planetas y quizás incluso de seres vivos. El motivo es que todos los elementos que no son el hidrógeno y el helio no existían en el Universo primigenio y se sintetizan día a día en los hornos termonucleares que hay en el centro de las estrellas de gran masa durante las últimas etapas de su existencia. Y allí se quedarían hasta el fin de los tiempos si la explosión final como supernova de esta clase de estrellas no los arrojase al espacio, donde constituirán el material de construcción de los planetas de posteriores generaciones de estrellas. Junto a esta gran cantidad de materia parten billones de neutrinos producidos en el mismo momento de la explosión. |
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En líneas generales se conoce bien cómo tienen lugar estas explosiones colosales que hacen brillar a una estrella con una luz comparable a la de toda la galaxia que la contiene, y sin embargo hay dificultades. Por un lado, los estudios teóricos de estos procesos han partido de suponer una situación inicial y unos procesos actuantes simétricos, por lo que inevitablemente surgían resultados con simetría esférica, lo que evidentemente no coincide con las masas de gas filamentoso que observamos en los remanentes de las supernovas. Por otro lado, las simulaciones por ordenador de este proceso han presentado una dificultad muy notable: ¡la explosión no tenía lugar! Recientes simulaciones sin embargo han conseguido superar este problema dado que en ellas el torrente de neutrinos que escapa del interior fuerza a la materia de la estrella a salir despedida hacia el espacio exterior. Si se añade el hecho de que ahora se incluyen fluctuaciones y turbulencia, los resultados de las simulaciones actuales presentan resultados muy similares a lo que se observa en la realidad, presentando en todos los casos una característica común y que consiste en una explosión menos simétrica y con mayor empuje en las direcciones axial y ecuatorial. No obstante, existe el inconveniente de no contar con datos observacionales detallados de las primeras fases de una explosión de supernova. Se observan supernovas en otras galaxias rutinariamente, pero en la nuestra no se ha detectado ninguna desde la invención del telescopio. |
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Por este motivo, la aparición de una brillante supernova en la Nube Mayor de Magallanes (una pequeña galaxia satélite de la Vía Láctea) en 1.987 permitió utilizar toda la moderna parafernalia astronómica con esta "nueva estrella". ¡Al fin y al cabo ha sido la más cercana en 400 años! Y las observaciones tremendamente detalladas realizadas con el material más moderno existente en ese momento dieron sus frutos: por primera vez en la historia se detectaron neutrinos procedentes de una fuente externa al Sistema Solar (en este caso venidos desde 165.000 años-luz), se observaron "ecos" luminosos del estallido al iluminar material gaseoso del área y dos años más tarde se descubrió material gaseoso formando un anillo ecuatorial que se alejaba de la estrella y que se corresponde bien con lo que los modelos actuales preveen como resultado de la explosión. Lo que no se ha encontrado es un pulsar, aunque podría haberlo pero que su haz de radiación no iluminase la Tierra. Ahora, a esperar una supernova en nuestra propia galaxia, que podría ser uno de los candidatos ya conocidos, como Eta Carinae, o una estrella aún desconocida. |
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José
F. Rojas Palenzuela - josefelix_r@aavbae.net |
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