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La Luna (y II) Mª Rosa Martín Mª - rosa_m@aavbae.net |
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| 6. La luz de la Luna 6.1. El color La Luna no emite luz propia sino que refleja la luz que recibe del Sol, por lo tanto ésta tendrá el mismo espectro que la luz solar directa. Sin embargo, la Luna es más roja que el Sol. Esto es debido a que las longitudes de onda corta, radiaciones azules y violetas, aparecen en menor proporción en la luz reflejada por nuestro satélite que en la luz solar. 6.2. Iluminación La Luna no se ve siempre igual de brillante sobre el cielo. Su brillo depende del ángulo de visión, cuyo vértice es el centro de la Luna y cuyos lados pasan por el centro del Sol y de la Tierra. Con Luna llena el ángulo vale 0º y la iluminación es máxima, mientras que en el resto de posiciones Sol-Tierra-Luna, la iluminación es doce o trece veces más débil en cuarto menguante o creciente, para anularse completamente en Luna nueva. 6.3. Albedo Es la capacidad de una superficie para reflejar la luz. Así, una superficie que es capaz de reflejar toda la luz que recibe tiene un albedo de 1, mientras que una superficie que absorbe toda la luz sin reflejar nada de ella, presenta un albedo de valor 0. La magnitud visual de la Luna es del orden de -12, la del Sol de -26,9, esto supone que la Luna absorbe más del 92% de la luz que recibe del Sol y su albedo es del orden del 0.073 . 6.4. Polarización de la luz lunar En general, las vibraciones luminosas pueden descomponerse en dos componentes orientadas de forma distinta, de igual intensidad y que se propagan en la misma dirección. Si una de las componentes desaparece, se dice que la luz está polarizada. La superficie lunar absorbe de forma distinta cada una de las componentes de la luz solar que incide sobre ella, de modo que la luz reflejada no es exactamente igual a la luz del Sol, sino que una de las componentes es más intensa. Diremos por tanto que la luz de la Luna está polarizada. Estudios de laboratorio con materiales que tienen las mismas propiedades de polarización que la luz de la Luna, nos permiten conocer la composición de la superficie lunar. 6.5. La ilusión lunar Cuando la luna se encuentra justo sobre el horizonte, a menudo parece que es mucho más grande que cuando está situada sobre el zenit. Esto se conoce como ilusión lunar. Sin embargo, el tamaño del disco lunar es el mismo sea cual sea la zona de la bóveda celeste sobre la que se encuentre la Luna. No existe una razón física (óptica) para este efecto, se trata de algo enteramente subjetivo (Figura 1). |
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| 7. Los accidentes lunares 7.1. Los circos o cráteres Se trata del accidente lunar más numeroso. Los circos pueden ser originados por dos fenómenos diferentes: las erupciones volcánicas lunares, que dan lugar a cráteres similares a los que podemos encontrar en las regiones volcánicas terrestres, y los impactos de meteoritos, que también tienen sus análogos en la Tierra como el cráter de Arizona. Los cráteres del primer tipo presentan suaves contornos con superficies lisas y sin picos centrales. Mientras que los cráteres de impacto muestran picos centrales de gran altura, aterrazamientos y extensas irradiaciones producidas por la expulsión de materiales a consecuencia del choque. El número de cráteres de impacto es muy superior al de cráteres de origen volcánico, sobre todo en el hemisferio sur de la cara visible. Existen numerosas agrupaciones de cráteres producidas por el choque de un cuerpo grande con posteriores impactos menores. En los circos de origen volcánico, se han detectado llamaradas que sostienen la idea de que la actividad volcánica aún existe en la Luna, esta actividad se conoce como Fenómenos Lunares Transitorios. 7.2. Los mares o marias Los mares o marias son las llanuras de color gris que ocupan el 20% de la superficie lunar. Se trata de los accidentes más claramente distinguibles incluso a simple vista. Existen dos tipos de mares: los regulares, que son depresiones circulares rodeadas de montañas, y los irregulares. El origen de los mares lunares se encuentra en corrientes de lava muy fluida que emergieron del interior y que llenaron las partes más bajas de las cuencas de impacto formando amplios mares cuyos bordes serían las cordilleras circundantes, de una altura tal que no pudieron ser sepultadas por la lava. En la superficie de algunos mares es posible discernir los canales por los que circuló la lava. La composición química de esta lava es totalmente distinta a la del resto de la superficie lunar, de ahí su diferencia de color y albedo. La cantidad de mares es mayor en la cara visible que en la cara oculta. Esto es debido a la atracción gravitatoria de la Tierra sobre la corteza lunar. En el hemisferio visible la anchura de la corteza es de unos 60 km., mientras que en la cara oculta es de unos 100 km., este espesor adicional dificulta la salida de la lava. En la actualidad, todavía se aprecian hoyas que no llegaron a ser sepultadas, por lo que los científicos suponen que el flujo de lava desde el interior desapareció de forma brusca. De hecho, la actividad tectónica en el interior de la Luna casi ha cesado por completo de acuerdo con los datos recogidos por los sismógrafos instalados por los astronautas del programa Apollo. |
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| 7.3. Las tierras altas Las zonas montañosas son las regiones más antiguas de la superficie lunar. Fueron las primeras en solidificarse y no fueron invadidas por la lava. Las tierras altas se formaron durante la "diferenciación magnética". Los materiales en el proceso de formación de una roca ígnea se separan de acuerdo a sus densidades: a medida que los materiales más ligeros van cristalizando flotan hacia arriba, formando zonas de densidad más baja. La corteza lunar en las zonas montañosas se encuentra en equilibrio isostático, es decir, en las regiones elevadas el material es menos denso que en las depresiones, de manera que el peso total que ejerce sobre la base es el mismo en todas las regiones. Las rocas de las zonas montañosas son basaltos como las de los mares, pero su composición es totalmente distinta. Las tierras altas ocupan el 80% de la superficie lunar, pero su distribución es irregular, así, la mayor parte de las montañas se encuentran en la cara oculta. 8. La atmósfera lunar La atmósfera lunar tiene densidad inapreciable, como demuestra el hecho de que podamos observar con gran nitidez los accidentes geográficos de su superficie. Otro punto que demostró a los científicos la existencia de una atmósfera despreciable fueron las ocultaciones de estrellas por la Luna. Si existiera una atmósfera similar a la terrestre, las estrellas disminuirían su brillo antes de entrar en contacto con el limbo lunar. El efecto sería parecido al del siguiente ejemplo: si imaginamos una casa en un prado llano y sin árboles durante la noche; un observador situado a un par de kilómetros enfrente de la puerta; y un hombre con un farol que se mueve hacia la casa siguiendo una trayectoria perpendicular a la recta que une al observador y a la casa, pero pasando por detrás de ésta. El observador podrá divisar el farol justo hasta que el hombre se coloque detrás de la casa. Si por el contrario existiera un banco de niebla que rodeara la casa, el observador vería cómo el punto del farol se difumina cuando el hombre llega al inicio del banco de niebla y desaparece por completo cuando el hombre llega a la parte trasera de la casa (Figura 1). Volviendo a la atmósfera lunar, ésta se encuentra formada por hidrógeno, helio, neón, argón, sodio y potasio. Es tan tenue que resulta muy difícil distinguirla del vacío. La causa de que la Luna no tenga atmósfera está relacionada con el hecho de que su gravedad sea tan pequeña que resulta insuficiente para atraparla. Además del estudio de la atmósfera de cara a la habitabilidad de la Luna, los científicos también a han estudiado la existencia de agua en nuestro satélite. Las rocas de los mares y las zonas montañosas no contienen agua ni trazas de minerales hidratados, por lo que cualquier idea de extraer agua de ellas para los futuros colonos debe ser abandonada. Sin embargo, algunos estudios de la superficie mediante técnicas de radar, han mostrado la posibilidad de que exista hielo en el fondo del cráter Aitken. Este hielo provendría del vapor de agua generado por el impacto de un cometa en la superficie lunar. El vapor se congelaría instantáneamente al llegar al fondo de un cráter en el qué nunca entra el Sol. La existencia de hielo en Aitken, así como los indicios de éste detectados en los polos lunares, no han podido ser comprobados todavía. 9. Los vuelos lunares no tripulados La primera sonda lunar Lunik 1 fue lanzada por la URSS en 1959 con la intención de alcanzar la Luna y convertirse en un planetoide artificial en órbita alrededor del Sol. Su estudio se limitó al campo magnético, la temperatura y la frecuencia de meteoritos, y no realizó ninguna fotografía. En septiembre del mismo año la Unión Soviética lanzó la Lunik 2 que impactó sobre el Mar de la Tranquilidad sin enviar ningún dato antes de su destrucción. En octubre se envió la Lunik 3, que ofreció las primeras imágenes de la cara oculta de la Luna. Entre 1961 y 1964 los americanos lanzaron seis sondas Ranger con destino a la Luna, pero estas sondas sufrieron una serie de accidentes que las destruyeron sin obtener de ellas resultados. Lo mismo les sucedió a los rusos con las Lunik 5, 6 y 7. En 1964, la Ranger 7 lograba transmitir 4.316 fotografías de la Luna antes de chocar con su superficie. Después llegaron los éxitos de la Ranger 8 y 9 que en conjunto enviaron un total de 12.951 imágenes. La Lunik 9 fue la primera sonda que logró posarse sobre la superficie lunar, demostrando que no era cierta la idea de que la Luna estaba cubierta por una gran capa de polvo que se tragaría a los vehículos espaciales que intentaran alunizar. Las Lunik 10,11 y 12 orbitaron nuestro satélite y obtuvieron fotografías a escasa distancia que presentaban poca resolución y escasa utilidad. En 1996 los americanos pusieron en marcha las series Surveyor y Lunar Orbiter. La segunda de ellas estaba dedicada a buscar lugares apropiados para los futuros desembarcos de seres humanos. La sonda Surveyor 3 fue la primera en analizar el suelo lunar, para lo cual disponía de un brazo-pala y un laboratorio. La Lunar Orbiter 4 confeccionó un atlas de la cara visible y la cara oculta. La serie Surveyor terminó con la sonda número 7 en 1968, cuando los americanos pasaron a preparar el futuro viaje de seres humanos previsto para el año siguiente. Mientras tanto, los soviéticos continuaban con la serie Lunik y la serie Zond. El mayor éxito fue la Lunik 16 que en 1970 logró recoger muestras de la superficie lunar y traerlas de vuelta a la Tierra. A continuación, los rusos diseñaron unos pequeños tractores, los Lunokhod, que podían moverse por la superficie y realizar pequeños experimentos. El primero de ellos llegó a la Luna en 1970. 10. Los vuelos tripulados En 1966, los americanos iniciaron el programa Apolo, cuyo objetivo era transportar seres humanos hasta la Luna. |
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En la fase de ensayo se enviaron seis naves no tripuladas para perfeccionar las cápsulas y módulos lunares. En 1968, el Apolo 7 fue el primer vuelo de la serie con tripulación, en el que se realizó un paseo espacial. El Apolo 8 fue la primera nave tripulada que realizó órbitas lunares. El Apolo 9 probó el módulo lunar encargado de depositar a los astronautas en la superficie. En 1969 se produjo el ansiado viaje de seres humanos a la superficie lunar. Los astronautas encargados de pisar la Luna fueron A. Armstrong y Edwin E. Aldrin, mientras que Micheal Collins se mantenía en órbita lunar. Los astronautas tomaron muestras del suelo, instalaron un sismógrafo, un reflector láser y cámaras de TV que permitían ver sus andanzas desde la Tierra. El alunizaje tuvo lugar en el Mar de la Tranquilidad. Posteriormente, tuvieron lugar otras misiones Apolo que visitaron la Luna. El Apolo 12 llevó instrumentos para estudiar el viento solar. El Apolo 13 sufrió una serie de desgracias que obligó a rescatar a sus astronautas. A partir de la misión Apolo 15 la duración de las estancias en la superficie lunar pudo ampliarse hasta el doble de las anteriores gracias a las modificaciones llevadas a cabo en la nave. Debido a ello, se desarrolló un vehículo lunar llamado LRV. El Apolo 16 batió el récord de permanencia en la superficie lunar con 71 horas de permanencia. El último vuelo fue el del Apolo 17 en 1972, que terminó con el programa Apolo y las visitas tripuladas a la Luna. |
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Mª
Rosa Martín |
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