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El lenguaje de la luz (I) J. A. Somavilla - juanantonio_s@aavbae.net |
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| Cuando yo estudiaba electricidad en los 60 del siglo pasado, mis profesores de física y tecnología nos explicaban sólo la base del origen de la corriente eléctrica a partir de un desarrollo simple del átomo, su almacenamiento, utilización y aplicaciones en la industria con el consabido plantel formulario. Con el tiempo, gracias a los avances tecnológicos en las aplicaciones energéticas, fui descubriendo las conexiones que toda onda energética tiene con el estado de la materia en general. En los primeros pasos que daba en el aprendizaje astronómico, encontraba diversos artículos publicados por las asociaciones de aficionados en los que comentaban las propiedades de la luz, que procedentes de las estrellas y del Sistema Solar llegaban a la Tierra. La gran mayoría de estos documentos hablaban de los instrumentos detectores y de los análisis posteriores, descubriendo sus propiedades. En definitiva, el estudio de la luz ha permitido a la humanidad conocer la estructura y naturaleza de de la materia con que está hecho nuestro mundo y por ende el Universo. Aún así, a pesar de mi lectura sobre estos temas, los conceptos utilizados para explicar el comportamiento de la luz y sus propiedades me resultaban incomprensibles dada mi formación escasa en física aplicada. Gracias a compañeros de nuestra agrupación, licenciados y doctorados en Física, con una elevada capacidad de enseñanza, nos pusieron tanto a mí, como al resto de los socios a través de cursillos en el camino de entender y comprender básicamente, el lenguaje de la luz. Para estos compañeros profesores e investigadores en la actualidad nuestra mayor gratitud. La enseñanza es un patrimonio que debe estar al alcance de todos los humanos y estos compañeros amigos nos iniciaron en éste conocimiento y es razón de peso suficiente que a través de estos sencillos artículos, aquello que me enseñaron mis maestros astronómicos lo transmita a los que se inician en esta aventura. No llegaré a la expresión y complejidad elevada con la que me transmitieron estos hombres esos conocimientos. Mi deseo es iniciaros para que vuestro interés mantenga la afición por el conocimiento de la Astronomía. Durante las vacaciones veraniegas es casi seguro que nuestros ojos han recibido luz de esa infinidad de puntitos brillantes, que a través del ocular nos han dejado excelentes recuerdos y gratificantes noches con amigos y familia, realizando paseos estelares por la bóveda celeste. Nuestros detectores artificiales (telescopios) han conducido hasta nuestras células oculares infinidad de fotones, atravesando inmensas distancias y diciéndonos de donde vienen, lo lejos que están y que propiedades tienen. Pero quizás nos ha sido imposible entender los procesos que nos indican cómo se producen, cómo viajan hasta nosotros y qué información transportan. Con esta primera entrega deseo acercaros al complejo mundo de cómo conocer e interpretar la luz que nuestros ojos reciben y cómo interpretarla de forma básica, sin complicaciones matemáticas, puesto que esta tribuna de divulgación no es un tratado universitario ni un compendio de lecciones de libro de texto, solamente la vía de expresión divulgativa de nuestra agrupación astronómica. Por ello, os pido de antemano excusas si salto de unos conceptos a otros, los cuales dejen algunas dudas sin aclarar, lo cual no es mi intención. Aún así, me tenéis a vuestra disposición en las reuniones semanales para aclarar lo que sea menester. Gracias al estudio del comportamiento de la luz en su vertiente de onda electromagnética, el avance de su conocimiento, ha permitido a la humanidad desentrañar los principios básicos de la misma. La investigación del espacio sideral cercano y lejano del Universo, ha traído consigo la construcción de infinidad de instrumentos científicos aplicados al mundo laboral, y los aficionados a la observación astronómica también usamos algunos aparatos en nuestras observaciones (lasers, controladores de lentes y espejos, localizadores de posición y calibradores de imágenes). ¿Quién no ha visto alguna vez el espectro de la luz? Nadie, a mi entender toda la humanidad alguna vez ha visto el arco iris. |
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Los días en que se produce el fenómeno de la lluvia acompañada de la luz solar, se constata un fenómeno espectacular a nuestra vista, al cual llamamos arco iris, en el que contemplamos un arco gigantesco de colores luminoso que se proyecta en el cielo y que nos deja asombrados por su belleza de. Es el momento en el que se produce la descomposición de la luz solar al atravesar las distintas gotas de agua (difracción), que actúan como prismas, reflejándose el arco sobre las distintas capas de las nubes. También constatamos otro hecho que ocurre en los días despejados, pues observamos que el cielo es azul. La luz que nos llega de nuestra estrella atraviesa las distintas capas atmosféricas de la Tierra, produciéndose en ellas el fenómeno de la "dispersión", es decir, éstas desvían la luz. La componente roja de esta dispersión casi ni se inmuta, no ocurre lo mismo con la componente azul que experimenta continuos desvíos al chocar y rebotar en todas direcciones, lo que nos permite observar con nuestra visión un cielo azul. Notamos que cuando el Sol está bajo, cercano al horizonte, la luz solar choca con la acumulación de partículas de la baja atmósfera, de ahí que nos parezca rojizo el cielo. En aquellos planetas y satélites naturales del Sistema Solar con ausencia de atmósfera no se producen estos fenómenos y, por lo tanto, su cielo siempre es negro, incluso cuando es de día. La luz blanca está compuesta por todos los colores que el ojo humano detecta, siendo la síntesis que efectúa nuestro cerebro partiendo de la detención del conjunto radiactivo de todos los colores. En infinidad de veces la luz llega a nuestros ojos y que no la interceptamos directamente de la fuente que la origina, sino que alcanza nuestra vista después de ser reflejada y refractada por otros cuerpos que la desvían, añadiendo alteraciones a la radiación original, bien absorbiendo o reflejando partes o todo el espectro de la fuente luminosa. El tren de ondas que reciben nuestros ojos depende de la emisión de las fuentes originales que las generan, de cómo las observamos en la Tierra y de la sensibilidad de nuestra vista o de los instrumentos receptores. El valor de absorción y reflexión de la luz, está en directa relación con el color. Todo objeto blanco refleja por igual todas las radiaciones espectrales, así como todo objeto negro, absorbe toda la radiación en el visible. Muchas veces en nuestros hogares, en nuestros trabajos o en obras del barrio hemos contemplado, la aplicación de calor a cuerpos metálicos, observando que el aumento de temperatura del cuerpo expuesto al calor adquiría una tonalidad rojiza pasando a un color blanco amarillento, preguntándonos….. ¿porqué este cuerpo emite luz con esos colores y cómo se produce?. La materia conocida por todos incluso de la que estamos hechos, se compone fundamentalmente de átomos y estos átomos están formados por protones y neutrones rodeados por una envoltura de electrones que orbitan a distintas distancias del núcleo, determinando la energía del átomo la propia de los electrones orbitando en torno al núcleo. |
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Cualquier causa que altere las órbitas de los electrones (en este caso el calor que aplicamos al cuerpo metálico), altera la energía del átomo. Los electrones al pasar de unas órbitas más externas a otras más internas, cambian el estado energético del átomo, produciendo una radiación electromagnética y liberando energía en forma de partículas luminosas llamadas fotones. Estos son emitidos a la velocidad de casi 300.000 Km. por segundo (velocidad de la luz). Según el salto que realiza el electrón al pasar de una órbita a otra, la onda que emite tiene la propiedad de un color determinado que dependerá de la energía adquirida en el proceso del salto (Figura 1). No quiero extenderme más en este proceso, porque lo expuesto, es la forma más básica de su representación y como todos sabéis en la biblioteca de la Agrupación disponemos de información más detallada en textos y libros sobre el tema. Así que, todos los tipos de radiaciones emitidas por una fuente luminosa, se diferencian entre si, por su "longitud de onda", siendo éste parámetro la distancia existente entre dos crestas o valles contiguos de la onda electromagnética (Figura 2), estando directamente relacionada con el valor energético que transporta (intensidad), del que hablaremos en posteriores entregas. A mayor energía de la onda emitida ésta se hace más corta en longitud. |
La vista humana está limitada a la detección de una pequeña zona espectrall de radiación electromagnética. En ese pequeño espacio las ondas de mayor longitud corresponden al color rojo y según van decreciendo, nuestro cerebro, las aprecia con los distintos colores que forma el arco iris antes mencionado. Toda esa ventana de colores que percibimos es la llamada ventana visible o radiación visible o también rango óptico del espectro. Las distintas longitudes de ondas y sus correspondientes colores están en directa relación a la temperatura de los objetos que emiten esa luz. Los más calientes radian en longitudes de onda más cortas y los más fríos en longitudes más largas. A ambos lados del espectro visible (vista humana) se encuentra otras emisiones de radiación sólo detectadas desde la superficie terrestre con instrumento adecuados, siendo estos uno de los mayores avances tecnológicos de la humanidad. William Herschel detectó, en 1800, la componente infrarroja del espectro de luz solar. Hasta nuestros días la larga lista de descubrimientos sobre las ondas electromagnéticas que nos llegan del espacio ocuparía todo un Galileo, que comenzando por las más cortas; radiación gamma y ascendiendo en longitud,los rayos X, la radiación ultravioleta, rango óptico del espectro, el espectro infrarrojo y las ondas de radio, conforman el espectro electro-magnético (Figura 3). En futuras entregas hablaremos de las distintas radiaciones, anotando sus longitudes de onda, energía, propiedades físicas y detección. La luz que llega a la Tierra se ve limitada por la atmósfera que la rodea. Si bien, ésta protege a los humanos de radiaciones nocivas para nuestra salud como los rayos ultravioleta y otras radiaciones altamente energéticas, también impiden su detención desde la superficie terrestre. El grado del rango espectral que percibe nuestros ojos coincide con la transparencia óptica de la atmósfera. La luz que recibimos de las estrellas sufre una extinción debido a las partículas de polvo, al vapor de agua y otros componentes gaseosos condensados en la atmósfera, lo que provoca una atenuación del brillo estelar, filtrando rangos de radiaciones que van desde los ultravioleta hasta los rayos gamma. Estos rangos radiactivos sólo son posibles de detectar algunos de ellos desde elevadas alturas en la superficie terrestre y otros sólo con detectores desde el espacio exterior, es decir, fuera de la atmósfera terrestre. Gracias al conocimiento de estas emisiones han permitido a la comunidad internacional, conocer el estado de la materia que la emite poniendo nombre, número y distancia a una inmensa mayoría de cuerpos de la bóveda celeste cuya luz casualmente intercepta nuestro planeta en su camino. Hasta aquí un breve inicio de cómo detectamos la luz, cómo se genera y quien la emite y absorbe, ahondaremos más adelante en sus propiedades, su medición y lo que aporta a todos los seres vivos, entre ellos a nosotros los humanos, y como los aficionados a la Astronomía somos testigos directos de... ¡hágase la luz! Como siempre esperando que estas vacaciones veraniegas pasadas os hayan sido pródigas en vuestra detención de la luz estelar, me despido de vosotros hasta dentro de tres o cuatro Lunas. Saludos astronómicos. |
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J.
A. Somavilla |
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