Observando el Sol
Emilio Martínez Terán
Tras los elementos que nos van a permitir la observación telescópica del Sol, en la faceta de la seguridad, bueno es que tengamos en cuenta algunos aspectos de la observación que nos permitan realizarla.
Para evitar riesgos, finalmente deberemos tener en cuenta que los telescopios llevan unos pequeños anteojos o buscadores los cuales tratándose del Sol son innecesarios a la par que peligrosos para la realización de este tipo de observación, solar, por lo que procederemos a anularlos bien tapándolos o retirándolos, con lo que evitaremos los no deseados accidentes.
Surge de inmediato la pregunta de como podremos apuntar el telescopio para iniciar la observación.
Si no dominamos el uso de los círculos graduados, no los tenemos o simplemente no tenemos el telescopio colocado en estación de una forma exacta, (lo cual suele suceder con gran parte de nuestras instalaciones de aficionado) caracterizadas por la movilidad que damos a los telescopios.
El problema tiene una solución fácil, siendo, esta colocar una cartulina en la parte posterior del telescopio (se puede dibujar un circulo del tamaño de la sombra que proyecta el telescopio) hasta que la sombra coincida con este círculo, lo cual nos indicara que ya lo tenemos en posición.
Solo nos faltara ajustarla en el ocular mediante los movimientos lentos.
Ya podemos iniciar la observación, ante nosotros aparecerá un disco brillante más o menos en función de la posición que tengan los polarizadores que habremos regularizado según la imagen que nos llegue al ocular y teniendo en cuenta nuestra propia visión.
Algunos días la imagen que nos llega del Sol no tendrá suficiente calidad por lo cual tendremos que identificar la razón de que esto sea así.
Lo primero que deberemos tener en cuenta es ver si la imagen esta bien enfocada para lo cual acercaremos o alejaremos las dos partes del porta oculares así como si los polarizadores dejan pasar la suficiente luz, esto en cuanto a las causas debidas propiamente al telescopio.
Otras causas que influyen en la calidad de la imagen son debidas no al telescopio sino a causas atmosféricas, que consisten básicamente en una falta de trasparencia en la imagen acompañada en algunas ocasiones por fluctuaciones en el limbo (parte externa del circulo solar), otras ocasiones la imagen se moverá de una forma más o menos violenta dificultando la observación solar.
Estas deficiencias de imagen tienen una difícil solución por no decir imposible, no obstante, a veces tras unos momentos la imagen alcanza una relativa calma permitiendo la observación, por lo que es recomendable persistir en el intento y no caer en el pesimismo de una observación frustrada a las primeras de cambio,

Las últimas deficiencias señaladas forman parte típica de las observaciones solares, tanto es así que al realizar el resumen de cualquier observación se deberán reflejar estas incidencias en el parte correspondiente, tanto diario como mensual, según una escala prefijada.
Tras estos ajustes, ya podemos proceder a la observación diaria de las manchas en la superficie del Sol
Ya que este es el fin de estas observaciones diarias, medir la actividad solar mediante el registro y posterior cálculo de la misma en base a unos coeficientes, donde destaca el de Wolf, que será el que nosotros utilizaremos
A veces nos preguntaremos si es importante nuestra participación en este campo de observación,
La respuesta a esta pregunta debe ser afirmativa tanto en lo referido a la posible escasez de nuestras observaciones mensuales, como en lo referido a la participación en programas observacionales de mayor amplitud (en este punto conviene señalar que estas observaciones se centralizan en observatorios profesionales para su tratamiento).
Las individuales permiten que días donde la nubosidad es abundante en otros lugares, puede que nuestra observación pueda significar que no se produzca un vacío a la hora de la realización de los cálculos estadísticos que necesitan realizarse para obtener el valor de los coeficientes de la forma evidentemente más exactos posibles, que se consiguen con las observaciones colectivas en una gran cantidad y desde una gran diversidad de lugares a veces muy distantes entre sí cubriendo de este modo prácticamente todas las horas del día. Así como, una constante observación anual con el consiguiente mejor conocimiento de los fenómenos solares.