LEONIDAS 98, se quedó en sirimiri

Publicado en EL CORREO, jueves 19 de noviembre de 1998, pag 46

TXEMA SORIA. BILBAO

La una de la madrugada de ayer era la hora óptima para ver la más espectacular lluvia de meteoritos de los últimos años. En Orduña, punto de observación establecido por los miembros de la Agrupación Astronómica Vizcaina, apenas podía vislumbrarse Géminis, con la pareja de gemelos Castor y Pollux, y la doble V de Casiopea. Las estrellas fugaces no acudían a la cita; nubes bajas y persistentes impedían su visión en el firmamento.

La expedición había salido a las nueve de la noche de la sede de la agrupación. Sus miembros, pertrechados con jerseys gruesos, botas de montaña y anoraks, optaron por un avituallamiento tradicional: bocadillos de tortilla, atún y jamón, alguna cerveza y abundantes refrescos. "No son nada aconsejables las bebidas alcohó1icas, porque al principio sí que entras en calor, pero luego te quedas helado". En su mochila, los elementos necesarios pare registrar el fenómeno astronómico: trípodes, cámaras fotográficas, película de alta sensibilidad y vídeo. La noche anterior y, sobre todo, entre seis y siete de la mañana, varios meteoritos habían cruzado ya el cielo del País Vasco.

Los más animados se redujeron al final a seis. Juan Somavilla, Eduardo Rodriguez, Emilio Martinez, Angel, Ander Aizpuru y Mikel Berrocal, se encaminaron rumbo a Orduña. ``Es fundamental observar estos fenómenos desde un lugar donde no haya luces ni contaminación lumínica procedente de las ciudades", sentenciaba Somavilla.

El grupo cubrió los 900 metros que les separaban de la cumbre a las once de la noche. E1 frío era intenso y apenas se veía nada. Pocos vehículos cruzaban la carretera, y eran menos los que se detenían en la explanada del monte. Sin amilanarse, los astrónomos vascos desplegaron sus cámaras y videos cuando a las doce de la noche se abrió ligeramente el cielo y se vieron las siete cabritillas, la constelación de Tauro, la nebulosa de Orión y, muy brillante, Júpiter. Emilio Martínez señaló a la Osa Menor mientras otro colega de afición advertía de la presencia de "la Polarica, como dicen en Zaragoza".

Apenas les quedaba un resquicio de esperanza cuando a la 1.10 de la madrugada pasó un meteorito desde el Este, donde está situada la constelación de Tauro, hacia el Sur, donde se encuentra Júpiter. La luminosidad era de segunda o tercera magnitud; su trazo, largo y rápido; la estela, larga y persistente. "Ha tenido dos explosiones -precisaba Somavilla- y a mitad del recorrido me parece que ha tenido una pequeña rotura del núcleo".

Ocho minutos después pasó otro, más pequeño, y a la 1.20 otro meteorito brilló fuertemente y desapareció enseguida. No hubo más. A las dos se desmontó el campamento. Nada más se podía hacer en Orduña.