
El
objetivo de este articulo es, por una parte, relatar la experiencia que supone
la observación de ocultaciones estelares, concretándola en la que realizamos
el día 5 de febrero de 1998 por la AAV, y por otro intentar exponer aquellos
aspectos de interés para todos los aficionados que pudieran sentirse atraídos
por este tipo de actividad, una más de las que la astronomía nos ofrece dentro
de su amplio espectro. Así como para nosotros fue de gran ayuda la información
proporcionada por otras asociaciones aficionadas, esperamos que este escrito
pueda igualmente ayudar a otros. Y sin mas comenzamos a relatar nuestras peripecias...
El día 11 de enero de 1998, recibimos un e-mail de María Dolores Moreno, profesora del Instituto Getxo-1 (Bizkaia) en el que ésta mostraba su interés por contactar con la Agrupación, para llevar a cabo la observación de la ocultación rasante de Aldebarán que iba a producirse el día 5 de febrero.
Puesto este e-mail en conocimiento de la Directiva, y contando con el interés de un grupo de socios, se decidió intentar llevar a cabo la observación. Uno de los inconvenientes que se presentaba era la falta de experiencias anteriores, al menos cercanas en el tiempo, así como la nada desdeñable circunstancia de que el fenómeno tuviera lugar en un día laborable y a las siete de la tarde, que para muchos sigue siendo horario de trabajo.
De cualquier modo, un grupo de socios, interesados en el tema, empezamos a preparar la observación. El primer paso, después de contactar con Mª Dolores, fue conseguir información, tanto sobre el fenómeno en concreto como sobre las técnicas de observación utilizadas en este tipo de eventos. En lo referente a la ocultación de Aldebarán, tuvimos la fortuna de contar con la inestimable ayuda e información de José Gómez Castaño, miembro de la Agrupación Astronómica de Madrid, en cuya página WEB, pudimos encontrar información sobre el recorrido a lo largo del cual sería visible como rasante la ocultación. (fig.1)
En dicha página encontramos también información detallada sobre las efemérides, - coordenadas, orientación, hora, etc.-, del paso de la ocultación ya concretamente en la provincia. Por otro lado, utilizando la biblioteca de la Agrupación, recopilamos los datos necesarios en cuanto a los parámetros, cronometraje y correcciones necesarias.
De todo esto, resultaron los siguientes puntos a considerar:
1.- La ocultación rasante de una estrella - de la suficiente magnitud - por la Luna es un fenómeno que se produce en una franja de terreno muy estrecha - de aproximadamente 1 km. de ancho -, paralela a la proyección, sobre la superficie terrestre, del recorrido realizado por la estrella y la luna. Fuera de este estrecho margen, la estrella quedará oculta por la luna, en lo que se conoce por ocultación normal, o no llegará a "tocar" el diámetro lunar. Esto implica que la determinación del lugar de observación debe ser efectuada cuidadosamente, dentro del error que conllevan las predicciones realizadas, a fin de asegurar la visibilidad del fenómeno.
2.- Debido a la relativa rareza del evento, y a su utilización, como parte importante de la colaboración de las astronomía aficionada con el entorno profesional, los datos a obtener lo han de ser con la mayor rigurosidad posible. Estos deben remitirse posteriormente a la IOTA (International Occultation Timing Association) que en base a los informes recibidos será capaz de efectuar la reducción de los datos. Esta precisión es fundamental, a efectos del análisis de los resultados, fundamentalmente en dos aspectos:
3.- La duración de una ocultación rasante es muy
pequeña, por lo que es aconsejable preparar con el mayor cuidado posible todos
los elementos necesarios, y proceder a la instalación y comprobación de estos
con la suficiente antelación.
4.- De igual manera es aconsejable disponer, con la separación adecuada, de varios equipos de observación y cronometraje, para asegurar la obtención de datos en el caso de cualquier imprevisto como el fallo de una de las estaciones.
Como siguiente paso tras la obtención de las efemérides, se comenzó con la elección del lugar de la observación. Dada la magnitud de los objetos a observar, Aldebarán (+0.4) y la Luna (-11), como el momento, sobre las 18:00 TU, prácticamente a 30 minutos del ocaso, no parecía tan importante la contaminación lumínica del lugar como, al ser un día de labor, que éste fuera próximo a Bilbao, lugar desde donde partiríamos, y que resultando accesible para los vehículos, fuera lo mas cercano al trazado previsto.
También resultaba interesante que el lugar fuera próximo a una carretera o camino perpendicular a la franja del suceso, de forma que, una vez realizados los cálculos finales, fuera posible trasladar los equipos a lo largo de éste. Este ultimo punto tiene su origen en el hecho de que las efemérides de la ocultación rasante se calculan sobre el perfil teórico lunar y al nivel del mar. Posteriormente, el perfil deberá ser corregido en dos aspectos:
El hecho de que el perfil teórico sea una línea
imaginaria que circunda la luna envolviendo los accidentes geográficos lunares.
Esto determina que la existencia en la zona del contacto de mares, cráteres
o montes, obligue a desplazar la posición de observación, hacia el interior
de dicho perfil. Como guía para determinar el desplazamiento se utiliza
el llamado perfil teórico de Watts, obtenible bien mediante ordenador
o bien de la AAM o la IOTA. Este factor puede provocar un desplazamiento,
siempre a lo largo de la perpendicular a la ruta seguida por la ocultación,
que puede oscilar entre unos cientos de metros y varios kilómetros. En la
figura 3
se muestra el perfil de Watts previsto para la ocultación que nos ocupa
Como se puede deducir del gráfico, parecía que la franja con mayores posibilidades era la comprendida entre 6 y 8 kilómetros, tomados estos acercándose hacia la Luna, es decir, alejándose del recorrido teórico, perpendicularmente, y hacia el acimut lunar. En nuestro caso las coordenadas lunares en el momento de la ocultación eran 133 º en acimut y 56º en altura. De todos estos datos, se calculó, siempre sin efectuar la corrección en altura, que se haría ya sobre el lugar especifico de observación elegido, la desviación a aplicar a las efemérides. (fig. 4)
Mientras tanto, y dado que como ya hemos dicho era importante encontrar, dentro del recorrido previsto carreteras "perpendiculares" a este, y aprovechando los fines de semana, nos dedicamos a recorrer zonas que, cumplieran con las condiciones exigidas. Así se efectuaron exploraciones en las zonas de Amurrio, Orozko, Castillo-Elexabeti, Abadiño, Markina y Deba. Dichos recorridos se efectuaron llevando como apoyo un receptor GPS y mapas topográficos 1:50.000 al efecto de determinar en todo momento la posición de los lugares candidatos con la mayor precisión posible.
En posteriores reuniones, se consideró ya como la más idónea,
tanto por la cercanía a Bilbao, como por la posibilidad de encontrar poca iluminación,
las dos carreteras que unen Igorre con Legutiano. Tras otro recorrido, se opto
finalmente por la BI-3543 entre Dima y Otxandio. En una de las desviaciones
de dicha carretera encontramos, en la subida a un repetidor de ETB, un lugar
que respondía a nuestras expectativas, la campa de la Ermita de San Blas. Una
vez determinada su posición, 43º 06' 16" Norte, 002º 43' 37" Oeste
y 450 m. de altura, y que la visibilidad en la orientación necesaria (133º,
o SSE) era la adecuada, quedó decidido el emplazamiento.
En este punto hay que hacer constar que José Gómez Castaño, ya mencionado al principio de este articulo, seguía proporcionando todo tipo de información acerca de los sistemas de calculo, observación y cronometraje. También es un buen momento para anotar la ventaja que supuso la utilización de Internet, tanto a la hora de obtener información sobre el evento propiamente dicho, como sobre las técnicas mencionadas, es de destacar la información contenida en las paginas de la ya dicha Agrupación Astronómica de Madrid, la IOTA, la EAON (European Asteroidal Ocultation Network), así como otras relativas a la utilización de señales horarias y equipos de vídeo, en su mayoría de origen estadounidense. También fue de utilidad la información contenida en la Circular nº 285 de la Agrupación Astronómica de Sabadell en cuanto a los aspectos prácticos de la observación.
Bien, dicho ya esto, seguimos con nuestro asunto. Lo siguiente era determinar las técnicas, personas y el material que intervendrían en la observación. Tras las consiguientes discusiones decidimos utilizar como método de registro el vídeo, utilizando para tal fin una cámara de video-vigilancia, elemento que poseen varios socios de la agrupación, y que es capaz de registrar en tiempo real magnitudes de hasta 6, y un grabador sistema Vídeo 8 que por sus dimensiones era fácilmente transportable. Se planteo la conveniencia de intentar grabar en sobre impresión la señal horaria, pero al final esto no fue posible.
Así nos enfrentamos con otro de los puntos críticos de la observación. El registro de los instantes en los que se produjeran la o las ocultaciones y apariciones de la estrella tras los picos del horizonte lunar. Como fuente de señal horaria se optó finalmente por un sistema combinado consistente en sintonizar las señales de uno de los diferentes relojes atómicos que transmiten continuamente la señal horaria en onda corta. Este sistema podía apoyarse en la sintonización alternativa de las señales horarias de Radio Nacional de España la que, según todas las fuentes, era la más fiable en tiempo local, transformable en UTC. Posteriormente, se monitorizaron en los días anteriores algunas de las estaciones clave como son la WWV (americana), en las frecuencias de 15.000 Khz., 10.000 Khz, y 5.000 Khz, la BPM (china), en las mismas frecuencias, la CHU (canadiense) en 7.335 Khz y la RWM en 9.995 Khz y 4.995 Khz, llegando a la conclusión de que ésta última presentaba las mejores condiciones de recepción en el lapso del día (anochecer) en el que se iba a producir la ocultación.
Siguiendo con el tema del cronometraje, se barajó también la posibilidad de utilizar la base de tiempos suministrada por el sistema de satélites GPS y también la construcción de un reloj que captara la señal emitida por la emisora alemana DCF, en 77 Khz. Ambos sistemas tenían el inconveniente de proporcionar una información "visual" de la hora, que obligaría a determinar "manualmente" los eventos. La ventaja del sistema de radio es que dicha señal podía ser grabada directamente en la banda de audio de la cinta de vídeo sin "intervención humana" y eliminando así el error personal. Este error, ya mencionado anteriormente es el retraso producido entre la visualización del evento y la parada manual de un cronometro, o la emisión de voz (al efecto de registrar en un casete el momento dado). Este retraso debe ser medido, mediante simulación para cada uno de los observadores, de modo que pueda luego ser restado el momento de la determinación exacta de los tiempos.
Aun así, y considerándolo necesario en aras de la seguridad, se decidió que se utilizarían sistemas de cronometraje manual. Este fue uno de los principios que guió todo nuestro plan, el intentar la redundancia de todos los sistemas. El carácter de la observación no parecía muy proclive a que un fallo en uno de ellos diera al traste con todo el experimento. De hecho, y como veremos después, esta determinación fue nuestra salvación en al menos dos aspectos.
Como elemento óptico, se decidió utilizar el telescopio
de la Agrupación, un Celestron Schmidt-Cassegrain de 200 mm en proyección sobre
un ocular de 24 mm. También, y para eliminar el problema de foco de las cámaras
de vídeo vigilancia, sensibles tanto al visible como al infrarrojo, se colocaría
un filtro pasante para este ultimo. Todo este sistema había sido ya utilizado
con anterioridad en la observación de las Leónidas. Así el sistema quedaba configurado,
exceptuando los elementos de alimentación (12 v y 220 v) tal y como se muestra
en el esquema de la figura 5.
En este punto llegamos al problema del "personal". Sabíamos que era aconsejable organizar mas de un equipo de trabajo, aunque uno fuera secundario, con menores medios, para aumentar las probabilidades de que al menos un equipo observara la ocultación rasante, conociendo el riesgo de que por un defecto en los cálculos, un solo equipo, no tuviera la fortuna de observarlo. El hecho de que la ocultación fuera un jueves a las 7 de la tarde, no era como para facilitar las cosas. A una semana del fenómeno, contábamos con 5 socios, Ander, Eduardo, Carmelo, Emilio y yo, a los que había que sumar a la "culpable" de la historia, Mª Dolores.
Afortunadamente, el día 3 de febrero, esto es, el martes anterior, tuvo lugar la Asamblea General Ordinaria de la Agrupación Astronómica Vizcaína, y aprovechando la ocasión, se dio publicidad a la observación. Todo estaba listo. Se acordó reunirse a las 16:30 en Bilbao para salir hacia Dima, haciendo una nueva cita en este lugar a las 17:15.
De paso comentaremos que teníamos noticias de que posiblemente se formaran otros dos grupos formados por alumnos de los Institutos de Derio y Sestao, aunque no conocíamos con exactitud sus planes. No hay que olvidar que el duende del tiempo nos tenia en ascuas con lluvia y abundantes nubes.
Y llegamos al día de la ocultación, 5 de febrero de 1998. Salimos puntualmente hacia Dima, contando con la asistencia de bastante mas gente que la prevista: los ya citados Eduardo Rodriguez, Ander Aizpuru, Emilio Martinez, Carmelo Fernandez, Mª Dolores Moreno y Mikel Berrocal a los que se sumaron Pablo Martin, Joaquin Fernandez, Borja Etxebarria, y posteriormente en el lugar Amaia Urkiri y Mikel Campos. Ante tal abundancia y dado que disponíamos de otra cámara de vídeo y monitor que Ander había traído, recogimos otro telescopio, un Meade SC de 200 mm, y nos dirigimos al lugar.
Una vez llegados a la Ermita de San Blas sobre las 17:30, tras haber esperado en Dima como acordamos, y una vez incorporados los dos últimos integrantes del grupo, comenzamos la instalación. Desgraciadamente, el estado del camino, debido a las recientes lluvias no daba opción a montar otro grupo a cierta distancia en dirección Norte, por lo que se montaron los dos telescopios de 20 cm con una distancia de unos 5 metros, y algo mas alejado (unos 20 metros) otro grupo con cámaras fotográficas y otro telescopio de menor potencia. El tiempo había ido mejorando a lo largo del día y parecía despejarse en dirección a la luna, que se elevaba a gran altura.
Por mucho que se planee, algo irá mal, todos conocemos la ley de Murphy (Si algo puede ir mal, irá mal, y en el momento más inoportuno). Todo el montaje de los telescopios se hizo aun de día, por lo que nuestra intención era realizar la puesta en estación de las monturas por medio de la brújula y utilizando las coordenadas en a.r. y decl. del Sol. Desgraciadamente, en dirección Norte abundaban los arboles, lo que dificulto la toma de puntos de referencia lo suficientemente lejanos. En cuanto al Sol, después de haber obtenido sus coordenadas el día anterior, estaban disponibles en un disquete, pero no las habíamos impreso... De donde se deduce que no por prestar escrupulosa atención a los aspectos principales, se deben olvidar los demás...
Este hecho provoco que la orientación de ambos telescopios, aun dotados ambos de seguimiento automático, tuviera que ser posteriormente retocada a lo largo de la observación, lo que hacia más problemático la parte más difícil de esta, la determinación de la salida final, si se producía, de Aldebarán, ya que al no ser efectivo el seguimiento motorizado, deberíamos especular sobre el punto y momento de la salida.
Otro problema lo causó el mal funcionamiento de uno de los monitores, lo que hizo imposible la instalación de las cámaras de vídeo en ambos telescopios, quedando por consiguiente uno acoplado al sistema de vídeo, y otro para la realización de observación visual.
Se finalizó el montaje sobre las 18:40 a unos 20 minutos del inicio previsto del suceso. Se comenzó la grabación, tanto de vídeo como de las señales horarias, a efectos de referencia. Empezaba a anochecer y Aldebarán era ya visible en las proximidades de la Luna. El material utilizado fue: 2 telescopios principales y sus correspondientes trípodes, sistemas de guiado y oculares, cámara de vídeo, filtro IR, magnetoscopio, cintas de vídeo, receptor de onda corta, su antena de 6 metros, receptor GPS, brújula, plano topográfico de la zona, adaptador de 12v a 220v cronometro, y un reloj controlado por la DCF que se consiguió la misma mañana del jueves. A esto hay que sumar todos los cables de vídeo, audio y alimentación, ladrones, enchufes de mechero de coche, linternas, etc. Todo esto sin olvidar los partes de observación para los equipos.
Al nerviosismo del momento se sumaron varios factores: la necesidad del retoque manual de la orientación, el mal funcionamiento del filtro infrarrojo que provocaba la aparición de anillos en la imagen de la estrella. Gracias a Dios que comenzamos a grabar la señal horaria con la suficiente antelación, ya que a 5 minutos de las 18:00 UTC, la emisora sintonizada paso a dar un tono continuo que mantuvo hasta casi el final de la observación... cosas de los rusos... y de no haber observado con suficiente detalle el patrón de señales de la emisora, todo hay que decirlo.
El momento de máxima aproximación estaba calculado para las 18:03
UTC. Todavía subsistían las dudas sobre la elección del lugar. ¿ Conseguiríamos
ver la rasante o no llegaría a haber contacto?. 
Por fin, a las 18:01 UTC, comenzaron las ocultaciones. La primera de 3 segundos de duración, luego otra de 8 segundos, un flash, y finalmente la principal de unos 7 minutos. Se iban cantando y anotando los tiempos exactos, mientras se pulsaba el cronometro. En este momento tuvo lugar el segundo problema. La deficiente puesta en estación del telescopio, y la necesidad de recorrer el horizonte lunar manualmente tuvo como consecuencia que la ultima reaparición de Aldebarán no fuera registrada en el vídeo, aunque si fue cronometrada por los otros dos equipos.
A las 19:10, hora local, y finalizada la ocultación,
en medio de un frío más que aceptable, reproducíamos el vídeo, ya con mas tranquilidad,
recogíamos los datos de los diferentes equipos. Después, la siempre ingrata
tarea de desmontar los equipos. Aunque esta vez con satisfacción. Aqui podeis
ver una digitalizacion del momento de una de las
reapariciones
En días posteriores vino la comprobación y verificación de los datos, comparación de resultados, chequeo de altitud y coordenadas del lugar y elaboración del parte de observación que fue remitido a nuestro buen colaborador José Gómez de la A.A.M., a la I.O.T.A. y al I.L.O.C. (International Lunar Occultation Center). No olvidéis que es siempre importante, tras obtener los datos para compilar y reducir, enviar éstos, tanto si han sido positivos como si no, siempre que tengamos la precaución de ser lo más rigurosos posibles en la determinación del emplazamiento y de los tiempos.
Como colofón, intentar transmitiros la gratificante experiencia que supuso para nosotros la observación, que nos sirvió para adquirir nuevos conocimientos, así como el deseo de continuar realizando este tipo de actividades que, sin necesidad de utilizar equipos sofisticados, está al alcance de todos, armados tan solo de un telescopio mediano o una cámara de vídeo.