Seccion Biografias astronómicas

RUDOLF WOLF, apasionado por el estudio de las manchas solares (1816-1893)

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Su Interés por las manchas solares nació tras observar un grupo especialmente grande de ellas en Diciembre de 1847. A partir de entonces comenzó sus propias y detalladas observaciones telescópicas sobre las manchas solares, que reflejó por escrito y que llevó a cabo durante los siguientes 46 años.

Johann Rudolf Wolf, nacido el 7 de Julio de 1816 en Fällanden, ciudad próxima a Zurich, tras completar sus estudios en Viena y Berlin fue profesor de matemáticas y física en la ciudad de Berna en 1839 y cinco años más tarde, también de astronomía. En esta misma ciudad. Poco después en 1847 fue nombrado director del pequeño observatorio astronómico local. En 1855 regresó a Zurich donde trabajó como profesor de astronomía en la universidad y en su escuela politécnica. Nueve años más tarde fue nombrado Director del observatorio de dicha ciudad.

El descubrimiento de Schwabe (un astrónomo aficionado), sobre el ciclo de 11 años de las manchas solares tras años de observación, mientras intentaba descubrir un planeta más próximo al Sol que Mercurio, llevó a Wolf a desarrollar un programa de revisión de estudios históricos y retroceder en la historia de las observaciones solares tanto como fuera posible. Para sistematizar estas observaciones, Wolf desarrolló su famoso “número relativo de manchas solares“ así consiguió recuperar datos hasta 1745, luego quiso seguir investigando más atrás, hasta 1610 aunque la escasez de datos hizo que el estudio de esta primera época de observaciones fueran menos fiables, un tiempo entre 1645 y 1715 en el que las manchas solares casi desaparecieron por completo por razones desconocidas, época conocida luego como minimo de Maunder. Wolf fue el primero en apreciar un segundo periodo superpuesto al de 11 años y que calculó aproximadamente en 55 años.

Paralelamente a esas investigaciones, se convirtió en co-descubridor de la coincidencia del ciclo de 11 años de las manchas solares, con el ciclo de actividad geomagnetica terrestre y la frecuencia de actividad de las auroras. Fue un escritor prolífico, su Matemática, Fisica, Geodesia y Astronomía tuvo seis ediciones desde 1852 hasta 1893 y su Historia de Astronomía y su Manual de Astronomía fueron sumamente populares a finales del sigo XIX y principios del XX. Escribió cuatro volúmenes dedicados a Biografías de Científicos suizos, y dos manuales de Matemáticas sobre teoría de números primos, geometría, probabilidad y estadísticas. Le nombraron bibliotecario principal de la escuela politécnica, descubrió y publicó la correspondencia de Johan Bernoulli. Wolf falleció el 6 de Diciembre de 1893 en Zürich, Suiza, y lleva su nombre el indice del cálculo diario del número de manchas solares.


Jesús Conde

AGLAONICE, la primera astrónoma europea de la Historia (Siglos VI – III a.C.)

Aglaonice Greek
Haciendo honor al significado de su nombre, fue una astrónoma brillante en su tiempo y consiguió fama por predecir eclipses en aquella lejana época.

No sabemos cuando nació Aglaonice o Aglaonike, la información que tenemos de ella nos ha llegado a través de escritores clásicos como Plutarco o Apolonio de Rodas, por ambos sabemos que nació en la Grecia Antigua, probablemente nació en una familia de nivel social alto, fue hija de Hegetor de Tesalia.

Ambos escritores coinciden en decir que fue la primera mujer astrónoma conocida de la antigua Grecia. Tal vez estudió en Mesopotamia, el caso es que de alguna manera tuvo acceso al conocimiento de los ciclos Metónicos o Saros que los caldeos conocían. Estos ciclos se basan en que, cada 223 lunaciones aproximadamente la posición de la órbita de la Luna con relación a la terrestre vuelve a coincidir, con lo que vuelven a repetirse los eclipses cada 18 años y 11 días. Posiblemente formó parte de un grupo de mujeres más amplio y famoso en la región entre el siglo III y el siglo I a.C., probablemente sacerdotisas del templo de La Luna y que fue conocido como “las brujas de la Tesalia”.

Plutarco escribió sobre ella que “conocía muy bien los períodos en los que la luna llena estaba por eclipsar, sabiendo de antemano el momento en que la luna se ocultaría tras la sombra de la Tierra…”.

Desgraciadamente, en el siglo II antes de Cristo, después de que Aristóteles declarara que las mujeres no podían considerarse ciudadanos, se dudó de la capacidad científica de éstas, quedando limitadas a tener descendencia y cuidar la casa. Por eso prefirieron creer en los poderes sobrenaturales de Aglaonice antes que en su capacidad matemática y de observación celeste, por la que podía predecir el momento en que iba a suceder un eclipse lunar.

Es por eso que Aglaonice aparece como suma sacerdotisa de la diosa Hécate y, en vez de predecir los eclipses, el vulgo prefiere pensar que tiene, como hechicera, el poder de “encender o apagar” la Luna a su antojo y de hacerla “desaparecer o caer” del cielo.

No podemos saber con certeza lo que escribió o lo que enseñaba, pero su capacidad para predecir esos fenómenos la hizo famosa en su tiempo. Fue una de las más poderosas “brujas de Tesalia”, a quien se conocía con el sobrenombre de “la que puede hacer desaparecer la luna”. Sin embargo, ese extraordinario poder era más bien un profundo conocimiento de la luna y de sus ciclos. Sus contemporáneos mantenían que algunas mujeres de Tesalia poseían tradicionalmente, entre otras artes, el poder oculto de hacer que la luna desapareciera, y esto en aquella época en vez de significar estudio y conocimiento, estaba considerado como propio de la hechicería.

Lleva su nombre un cráter sobre la superficie del hemisferio sur de Venus.

Jesús Conde