Curso Astronomía 18. Neptuno, el Planeta de la discordia

Aunque no es un tema propio para continuar con la iniciación a la Astronomía, en mis veintitantos años como astrónomo aficionado me he encontrado por el camino del aprendizaje con historias y anécdotas sobre muchos de los descubrimientos realizados por los astrónomos profesionales, sobre todo de los siglos XVIII, XIX y XX, en el que el orgullo, la rivalidad e incluso la casualidad se mezclan en le reconocimiento de ser los padres de los aciertos y errores en los descubrimientos.

Si bien, esta tribuna de Galileo busca el objetivo de ayudar al entendimiento de todo lo que se mueve por "allí arriba", no es despreciable tocar el tema sobre el conocimiento de las luchas, trapicheos, verdades a medias y los avatares en la conservación de los anales de la Historia de la Astronomía, de quienes observaron tal o cual planeta o cuerpo celeste, en ser los primeros en dar su posición y descubrimiento físico.

Así, Neptuno, el 8º planeta de nuestro Sistema Solar, es reconocido también como el Planeta de la Discordia. Discordia sobre a quien reconocer como el verdadero descubridor, o aquel astrónomo que aportó la explicación a las perturbaciones gravitatorias que se observaban en Urano, provocando aceleración y frenado en distintos puntos de la órbita de éste, no coincidiendo con las previsiones donde debiera encontrarse.

La fuerza gravitatoria de Júpiter y Saturno no bastaban para confirmar estas perturbaciones, lo que dio origen a pensar que otro cuerpo planetario era el culpable de estas anomalías orbitales. El primero en tomar nota de este problema fue el astrónomo francés Bouvard en 1821. Observando que las posiciones previstas para encontrar Urano no coincidían con sus posiciones reales, luego, debía existir un cuerpo celeste que perturbaba su órbita.

 

El matemático francés Urbain Jean Joseph Le Verrier realizó una predicción de la órbita del "cuerpo perturbador" y su posible situación enviando el estudio al Observatorio de Berlín, donde el astrónomo Johann Gottfried Galle y su ayudante Heinrich Louis d'Arrest, el 23 de Setiembre de 1846 descubrían el planeta que perturbaba la órbita de Urano a casi 1º de error de la posición anunciada por Le Verrier. Al poco tiempo Galle anunció el descubrimiento a la comunidad científica internacional.

En breve espacio de tiempo la comunidad de astrónomos ingleses dieron a conocer que, un matemático de su tierra llamado John Couch Adams, tras estudiar las perturbaciones de Urano, había llegado a la misma conclusión que Le Verrier y deducido la posición de Neptuno, incluso antes que el francés. Hoy es aceptado el descubrimiento por los dos matemáticos, aunque en estos momentos se pone en duda de que  la primicia se acepte la participación del matemático inglés.

Bueno, hasta aquí un poco la historia y controversia del descubrimiento. Aunque mi posición está mucho más cerca de la verdad francesa, no voy a desmenuzar el meollo de la cuestión porque no es propio del artículo y no me parece muy justo que un simple aficionado se enzarce en la búsqueda del verdadero padre de quién aportó, el primero los datos y la metodología para explicar quien perturbaba el "sueño" de Urano.

 

Fotografía de Neptuno tomada por la Voyager 2 en la que se aprecia la actividad atmosfércia que presenta el planeta. En el centro podemos ver la “Gran Mancha Oscura” acompañada por nubes blancas. Más al sur otra mancha blanca llamada “Scooter” y al sur de esta, está la “Mancha oscura 2” cuyo núcleo es más brillante que el resto. Cortesía NASA/JLP-Caltech

Pero si deseo que, los que seguís de cerca nuestra publicación obtengáis más referencias sobre el tema y para ello os remito al artículo publicado en Investigación y Ciencia del  mes de Febrero (2005) con el título de "El descubrimiento de Neptuno" (Pág. 39, la revista la podeis leer en la agrupacion), a mi juicio, no tiene desperdicio. Y ya que estoy metido en los asuntos de las controversias, os recomiendo la lectura del libro "Corazones solitarios en el Cosmos" de Dennis Overbye, donde también se exponen las luchas de los astrónomos americanos de los observatorios profesionales, por ser los autores de los descubrimientos de muchos objetos estelares, teorías astrofísicas, etc. del siglo XX. Hoy en día se están produciendo también estas rivalidades, en donde los investigadores se pisan unos a otros los terrenos de investigación, no existiendo la ética honrada y justa, donde publicar o no publicar los resultados de las investigaciones depende la supervivencia de los profesionales en este campo de la Ciencia.


En fin, basta de rollos y vamos a ver que nos depara el planeta cercano a los confines del Sistema Solar. Una vez conocida su órbita, comenzaron los estudios físicos del planeta. La distancia que separa Neptuno de nuestra estrella es la friolera de 4.504.456 millones de kilómetros y tarda en recorrer la órbita en torno al Sol unos 163,72 años terrestres, siendo el coeficiente de su excentricidad (órbita elíptica) de 0,009, casi circular. Esta órbita está inclinada con respecto a la eclíptica casi 1º y 60". En su movimiento por la bóveda celeste se desplaza unos 2º 20' en un año, haciendo referencia a su lentitud de desplazamiento entre las constelaciones.

 

 

Los anillos de Neptuno fotografiados por la Voyager 2 en Agosto de 1989.
Cortesía NASA/JLP-Caltech

El tiempo que tarda en dar una vuelta sobre su eje de rotación, es de aproximadamente de 19,1 horas tomado sobre la base de la rotación de su alta atmósfera. Con un diámetro ecuatorial de unos 49.528 km., subtiende, visto desde la Tierra, un diámetro angular de 2,3", lo que indica que resolver su diámetro con los telescopios en general de los aficionados es muy difícil.Pero bien ahí le tenemos. Conociendo la posición en que se encuentra sobre el cielo estrellado y apoyados por un almanaque de Efemérides planetarias y Cartas Celestes, podemos observar un puntito brillante de la magnitud 7,8 de tonalidad azulada situado en la constelación de Capricornio en lo que resta del año 2005. Para resolver el disco planetario hay que usar telescopios de 250 mm. de diámetro en adelante, aún así el disquito es borroso y difuminado, sólo distinguiendo su tono azulado.

Conociendo bien su posición noche tras noche, y entre toma y toma fotográfica de unos 15 días espaciadas observaremos, un breve desplazamiento del planeta sobre las estrellas de la constelación en que se encuentra. Hasta ahí llegamos los aficionados, que disponemos de instrumental normal, en la observación de Neptuno.

Al poco tiempo de ser descubierto Neptuno, el aficionado inglés llamado William Lassell con un telescopio fabricado por el mismo de 600 mm. de diámetro, localizó al mayor satélite del planeta al que se le puso por nombre Tritón. Tres años más tarde Gerard Kuiper descubrió fotográficamente el satélite conocido por Nereida.

Hubo de esperar a la sonda Voyager II de la NASA en Agosto de 1989, para que ésta fotografiara los satélites antes mencionados y descubriera más, a los que pusieron por nombre, Proteus, Larissa, Galatea, Talassa y Naiad. Posteriormente se han ido descubriendo algunos más de tamaño menor, en total son 13 los satélites descubiertos.

Neptuno también posee cuatro anillos imposibles de observar con instrumentos desde la Tierra y además incompletos, es decir, no están cerrados en torno al planeta. Desde 1981 con motivo de ocultaciones de estrellas por Neptuno, se detectaban apagones de luminosidad irregulares en las cercanías del planeta. Esta disminución de la luminosidad estelar predecían que el planeta poseía anillos aunque incompletos algo que confirmó fotográficamente la Voyager II, y que fueron intuidos en 1984 desde los Observatorios de La Silla y Cerro Tololo en Chile en una ocultación estelar.

Podría extenderme en este tema sobre el conocimiento actual que se tiene sobre Neptuno, anillos y satélites, pero entiendo que sobrepasaría los límites de la justa introducción, por lo que es menester de los que se inician en esta apasionante ciencia que si desean más datos, señas y fechas recurran a la amplia literatura de la que disponemos en la Sede de la Agrupación, estaré gustoso de señalar su ubicación.


Como siempre me despido de vosotros con enorme cariño astronómico, desearos largas noches de observación y nos vemos dentro de tres Lunas.