COLIMADOR LÁSER

J.A. Somavilla

Planetas, estrellas dobles, cúmulos, todo se ve mejor con una óptica bien colimada. En un mundo ideal montaría el telescopio, pondría un ocular de bajos aumentos y vería la primera estrella de la noche como un punto perfecto, redondo y centrado. Por desgracia, rara vez ocurre esto. Las monturas de los espejos y los soportes diagonales se abomban o se desajustan por las vibraciones producidas en el transporte hacia los lugares de observación.

La forma tradicional de ajustar un reflector en el campo es hacer una colimación con la luz del día, centrando las imágenes mutuamente reflejadas de los espejos primario y secundario. Después de oscurecer se busca una estrella adecuada de brillo moderado observada a través de un ocular de aumentos medio y ajustar mediante pequeños incrementos hasta que la imagen desenfocada se logre la asimetría.

La realidad a menudo impone un revuelo sin fin con tornillos y herramientas, seguido de un estiramiento corporal continuo llegando a un cierto estrabismo peleando entre la visión, el ajuste y los movimientos del telescopio. La estrella se sale del campo con cada ajuste y una montura sin guía requiere movimientos adicionales durante la revisión crítica. Todo este proceso puede durar varias horas sino se tiene experiencia y puede acabar con la paciencia de un aficionado.

Poco sorprende que tantos telescopios se queden más o menos sin ajustar. Lo que se necesita es algún sistema capaz de acabar con el trabajo penoso.

Los primeros láseres fueron confinados al campo de la óptica por su tamaño, peso y alto consumo. Cuando se desarrollaron los láseres de diodo pequeños y a pilas en los 80, ganaron al instante popularidad como punteros en planetarios y salas de lectura. Los fotógrafos pronto los adaptaron para la búsqueda de objetivos. Tales aparatos eran prácticos para lo que estaban diseñados, pero no para la colimación de telescopios.

Un colimador por definición es un instrumento de precisión para una tarea especial. El objetivo de la colimación es hacer que el eje óptico de cada lente o espejo coincida con el rayo central del sistema, un láser colimador debe lograr un haz así. La unidad debe ser ligera y robusta y estar hecha con precisión para acoplarse a los tubos standard. Debe crear un punto pequeño y muy visible, de día o de noche, a distancias encontradas generalmente en el camino de un telescopio. Además, el haz no debe salirse del eje o transformarse en un parche difuso de luz con los cambios de temperatura, como puede suceder con algunos diodos láser.

El colimador que yo he probado está bien hecho y acabado. Su carcasa es de aluminio torneado que consta de dos tramos, uno de unos 12 cm. de largo con un diámetro de 31,7 mm. que se adapta perfectamente a los porta-oculares 11/4 de pulgada y que alberga el diodo láser. El final de este tramo lleva incorporada una lente colimadora para dar forma al haz. El otro tramo anterior es el que contiene las dos pilas R-14 y el interruptor de encendido y apagado, aproximadamente de unos 11 cm.

Se especifica que la longitud de onda de salida tiene entre 6500 y 6800 amgstron, en el extremo rojo. Produce un punto rojo brillante y muy ligeramente elíptico de unos tres mm. de diámetro a una distancia de unos 5 metros. El diodo láser está alineado en fábrica con varios tornillos de ajuste que lo hacen concéntrico al diámetro que lo alberga. Dos de estos tornillos se encuentran externamente para ser reajustado por el usuario en caso de necesidad. La longevidad del láser se estima entre 20.000 y 50.000 horas de trabajo.

Rotando manualmente el colimador en forma de "V" se vio que el haz divagaba menos de 0,5 mm. sobre una pantalla alejada 10 metros, lo que demuestra que la concentricidad y la alineación del haz son sin duda adecuados para la aplicación pretendida.

Colimando un reflector de 255 mm. de 0 a f/4,6

El concepto es el siguiente. Se proyecta el haz del colimador desde el soporte del ocular alcanzando el espejo secundario que lo refleja en el mismo centro geométrico del espejo principal, volviendo el haz por el mismo camino que el recorrido al inicio, e impactando en la misma boca por donde surge el haz del colimador.

Es fundamental cubrir el espejo principal con una cartulina que tape toda la superficie parabólica, excepto un pequeño agujero practicado en la cartulina, justo el centro geométrico del espejo. Esto facilita y asegura que el haz rebote exactamente en el centro preciso del espejo principal.

El primer paso a dar es ajustar el espejo diagonal (espejo secundario) hasta que el haz del láser dé en el centro del espejo primario. Si no es así hay que realizar el ajuste desde los tres tornillos que normalmente lleva la celdilla del espejo. Una vez conseguido este objetivo, se actuará sobre los tornillos de ajuste que lleva el barrilete o porta espejo primario para que la segunda reflexión del haz a su vuelta dé justo en el centro del espejo secundario y refleje directamente el haz luminoso sobre la boca de salida del haz del colimador.

Toda la trayectoria del haz luminoso es seguida por la vista del usuario a través de la boca del tubo telescópico, con suficiente comodidad. Tenemos que tomar precauciones para que el rayo luminoso no nos dé en ninguna de sus reflexiones, directamente en los ojos. Es relativamente peligroso, pues su potencia es de unos 5 milivatios de luz láser.

Se puede dar el caso de que una vez realizada la colimación y retirado el colimador, comprobamos con el sistema de mirilla, que el espejo secundario está ligeramente descentrado. Reajustando levemente desde los tornillos de la celdilla del porta-secundario, quedará perfectamente centrado.

El haz del láser es sensible a la flexión de cualquier parte del sistema. Hay que evitar que, durante la colimación el tubo telescópico esté sometido a flexiones, por lo que conviene que durante la sesión de ajuste se realicen las operaciones con comodidad, es decir, que el tubo óptico esté descansando sobre unos caballetes en forma de "V", y estos a su vez descansen sobre una mesa a ser posible, resistente y sólida.

Esta rutina de colimación lo hice en el interior y de día. Un pequeñísimo ajuste realizado de noche en el exterior con un cielo relativamente oscuro. Apunté mi telescopio a la estrella z Orionis y conseguí corregir pequeñísimas asimetrías aún existentes, apareciendo la z y estrellas del campo como discos consistentes dentro y fuera del foco. A continuación dirigí el telescopio a la Gran Nebulosa de Orión y el espectáculo me dejó atónito, la pureza de los filamentos de materia, las tonalidades de colores y la resolución del Trapecio.

CONCLUSIONES

La colimación con el método del láser me permitió realizar los ajustes con comodidad y relajamiento de la vista. Pude trabajar en solitario, puesto que se dispone por tiempo indefinido de la medida (el haz láser). Creo que la colimación es de una calidad elevada por lo que satisface las exigencias fundamentales del astrónomo aficionado. Tengo que añadir que, lo único que encuentro negativo, es su precio elevado en el mercado estatal, entre las 20.000 y 25.000 ptas. Para este problema económico existe una solución relativa, ya que han aparecido en tiendas de importación unos pequeños láseres cilíndricos en forma de llavero, al precio de unas 6.000 ptas. que, fijándolos en casquillos mecanizados, darían los mismos resultados que los colimadores específicos.