EL OBSERVATORIO LUNAR

EL SELENOSCOPIO (1 PARTE)

Rafa Salcedo

El mayor aliciente de una posible base permanente radica en el hecho de que la Luna es un lugar muy favorable para realizar investigación astronómica avanzada.

En 1986 se celebró en Houston (Texas) un importante congreso internacional bajo el lema "Observaciones Astronómicas desde una base lunar" en el que participaron más de 200 expertos de todo el mundo. La conclusión final a la que llegaron fue la siguiente: "La Luna constituye el mejor lugar, dentro del sistema solar interno, para realizar investigación astronómica avanzada".

Las características lunares que la convierten en un observatorio astronómico privilegiado son, básicamente, las siguientes:

1.- Posee un ambiente extraordinariamente limpio y un alto grado de vacío. Toda la atmósfera lunar podría encerrarse en el reducido recinto de una cancha de baloncesto si se la mantuviera a la presión atmosférica habitual en la tierra. Realizar observaciones astronómicas desde la Luna es como hacerlo en un lugar sin atmósfera, caso que no se da, por ejemplo, en el telescopio espacial Hubble, situado en una órbita de 590 Km. de altitud, en donde la atmósfera todavía presente cierta suciedad (polvo y gas) y en donde además existe una "nube" apreciable de diminutos "escombros" espaciales. Por el contrario, el vacío lunar es del orden de 10-12 Torricelli, lo que además de tener otras ventajas garantiza en la práctica la no existencia de la atmósfera.

2.- La Luna constituye una plataforma de elevadísima estabilidad, lo que es un factor primordial en la observación astronómica. La energía media lunar (sísmica) es de 10-8 veces menor que en la tierra. Asimismo, los terremotos lunares producen por término medio movimientos en el suelo del satélite del orden de 10-9 metros. Estas características son muy favorables para las observaciones astronómicas. Por ejemplo, en el caso de interferometría se precisa conocer la longitud de la base con una precisión de 10-7 metros, lo que otorga un factor de seguridad de 102. Tomando como ejemplo el telescopio espacial, éste inevitablemente se encuentra sometido a vibraciones muy pequeñas, pero superiores a 10-9 metros.

3.- La contaminación radioeléctrica en la Luna es muy baja, en particular en su cara oculta, en donde la propia masa del satélite actúa como pantalla radioeléctrica de altísima eficacia. Dicha cara puede ser un lugar privilegiado para instalar allí radiotelescopios ultrasensibles.

Existe una banda de baja frecuencia que llega hasta los 30 Mhz (longitudes de onda superiores a 1 Km) en la que es imposible hacer radioastronomía desde la tierra, pues estas radiaciones no atraviesan la atmósfera terrestre. Tampoco se pueden instalar radiotelescopios en órbita terrestre de baja altitud que operen en esta banda de frecuencias, pues el campo magnético terrestre da origen a un ruido eléctrico de baja frecuencia, mucho más intenso que las radiaciones que convendría detectar. Por lo tanto, existe una ventana de radiaciones, que va desde 0 hasta 30 Mhz, que no ha podido utilizarse hasta la fecha, y que, como se verá, puede ser de gran interés en radioastronomía. Sin embargo, radiotelescopios para esta banda de baja frecuencia podrían colocarse en la cara oculta de la luna, pues el apantallamiento natural evitaría cualquier tipo de interferencias.

Desde el punto de vista de la astronomía referida al espectro visible ocurre algo parecido, porque la propia masa de la Luna puede hacer también de pantalla óptica eliminando en su totalidad la luz que pudiera llegar hasta allí por reflexión en la tierra.

4.- La Luna posee también zonas criogénicas naturales, lo que constituye un gran aliciente para la investigación astronómica. Se cree que en determinadas zonas de los cráteres situados en las regiones polares, en las que la sombra sea permanente (zonas de umbral), la temperatura será continuamente de 70 K (-180).

Estas zonas podrían ser de gran utilidad, pues muchos detectores utilizados en astronomía, en particular los empleados en frecuencias infrarrojas, deben trabajar a muy bajas temperaturas, para con ello reducir el ruido térmico propio del detector, a niveles compatibles con las señales que se quieren detectar. Además conviene también que la estructura mecánica de los telescopios esté refrigerada, pues de lo contrario se convertirían en una importante fuente de interferencias.

5.- La Luna tiene una gravedad muy inferior a la de la tierra (1/6 aproximadamente). Esto que será una gran desventaja para los astronautas que ocupen la base lunar puede, sin embargo, ser una ventaja en la construcción de instrumental y equipos astronómicas.

La fabricación de grandes estructuras, como espejos o antenas, resultará mucho más fácil en la Luna que en la Tierra. Ocurre que la gravedad reducida como la lunar es más favorable que la microgravedad que aparece en órbita terrestre. Por ejemplo, en la Tierra se pueden construir estructuras metálicas para soportar antenas móviles de las que se emplearían en los radiotelescopios, como máximo 80 m. de diámetro. Estructuras mayores ya no representarán ninguna ventaja, pues lo que ganan en apertura se pierde en precisión, ya que cuando la antena se mueve, las deformaciones debidas a la gravedad terrestre son tan grandes que resulta casi imposible compensarlas electrónicamente como se hacen para diámetros más pequeños.